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La nueva generación del voleibol brasileño
Escrito por Manuel Pérez Bella / EFE-Reportajes    Miércoles, 19 de Enero de 2011 16:50    Imprimir E-mail

Presente en casi todos los podios desde 2001, el voleibol brasileño toma nuevos aires y reemplaza a su afamada generación de oro con una nueva hornada de jugadores dotados de talento y las mismas aspiraciones.

 El atacante Murilo Endres, de 29 años, es el nuevo líder de esta generación renovada y personifica al mismo tiempo la constante evolución y la continuidad de este deporte, que en Brasil es una cuestión de familia.
Murilo tomó el relevo de su hermano Gustavo en 2006, con el que jugó codo con codo en la conquista del Mundial de ese año y con el que se comprometió a mantener alto el pabellón familiar, en el que ya figuraba otro Mundial (2002) y el oro olímpico de Atenas 2004.
Ahora, se ha consagrado como el mejor jugador del mundo en 2010, cuando fue elegido como el más destacado de la selección brasileña tanto en el Mundial de Italia como en la Liga Mundial.
Por esas dos conquistas y por ser uno de los jugadores más completos en la cancha, también ha recibido el galardón del Comité Olímpico Brasileño (COB) al mejor deportista del país en 2010.
De carácter tímido y sencillo en su apariencia y en sus gestos, Murilo ha tomado como referencias a grandes estrellas como su hermano Gustavo, Nalbert y Giba, todavía en activo a sus 34 años y la mayor referencia del voleibol brasileño dentro de las líneas de la cancha.
 
GIBA, EL JUGADOR MÁS CARISMÁTICO DEL VOLEIBOL BRASILEÑO
Gilberto Amauri Godoy Filho “Giba” es sin duda el jugador más carismático del país, el que todo niño nombra como su favorito y uno de los que más agrada a las aficionadas. Para él, este deporte también es una cosa de familia, puesto que está casado con la jugadora rumana Cristina Pirv, con la que tiene dos hijos.
Su prolongada carrera coincide casi exactamente con la etapa hegemónica de la selección brasileña, cuya camiseta se vistió por primera vez en 1995.
Giba fue escalando posiciones muy rápido, se puso el brazalete de capitán por primera vez en 2005, se coronó como mejor del mundo en 2006 y desde entonces es el líder indiscutible y la amalgama que ha unido todo este tiempo al grupo de oro de Brasil.
“Giba es un chico de oro, dueño de un corazón inmenso. Es nuestro líder anímico, dueño de una energía que contagia. Dentro de 30 años, cuando me acuerde de él, será mucho más por su generosidad que por el genio del voley que indudablemente es”.
Así describió a su capitán el entrenador Bernardo Rezende “Bernardinho” en un libro en el que relata los secretos de su éxito al frente de las selecciones masculinas y femeninas de Brasil.
Bernardinho también destacó de Giba su entrega “hasta en las situaciones más adversas”, su capacidad para el trabajo y su disposición a ayudar siempre al grupo.
 
SAQUAREMA, FÁBRICA DE LOS CAMPEONES
En el trabajo y en la unión del grupo residen precisamente las claves para explicar la presencia casi ininterrumpida de Brasil en los podios de todas las competiciones que han disputado desde 2001.
A pesar de cosechar medalla de oro tras medalla de oro, siempre antes de una competición importante, la selección se concentra con un mes de antelación en el centro de entrenamientos de la Confederación Brasileña de Voleibol (CBV) en la tranquila ciudad costera de Saquarema (Río de Janeiro), para machacarse literalmente a trabajar.
En Saquarema, la rutina de entrenamientos es muy dura, casi con un régimen militar.
Los jugadores siempre se levantan al alba, entrenan en la cancha dos veces por día, pasan horas en el gimnasio, se acuestan temprano y tienen controlado el régimen de visitas conyugales.
Esta vocación por el trabajo se plasma hasta en el título del libro de Bernardinho, “Transformando el sudor en oro”, que pretende ser una guía de motivación empresarial.
Bernardinho ha sido de forma indudable el gran responsable de convertir a un grupo talentoso en la mejor selección del mundo, desde su llegada en 2001.
El técnico fue un suplente en la llamada “generación de plata”, que obtuvo la plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, y labró su carrera en los banquillos con la selección femenina.
Con las “garotas” consiguió tres oros en el Grand Prix -la versión femenina de la Liga Mundial-, dos bronces olímpicos (Atlanta 96 y Sídney 2000) y dos platas en Mundiales, competición que todavía hoy se le resiste a la selección femenina.
Sus triunfos le abrieron las puertas de la selección masculina en 2001, con la que ha tenido sus mejores resultados y ha colocado a Brasil en una posición casi inigualable.
El palmarés de Bernardinho lo dice todo: tres Mundiales seguidos, el oro olímpico en Atenas 04 y la plata en Pekín 08 y ocho Ligas Mundiales en diez años.
Tan solo patinó en las dos ocasiones que jugó la final de la Liga Mundial en casa, en 2002 cedió el oro a Rusia en Belo Horizonte, y el 2008, en Río de Janeiro, tuvo su peor resultado. Por primera y única vez con la selección masculina, no estuvo en el podio.
 
MUNDIAL 2010, EL ÚLTIMO ORO
El Mundial de 2010 también estuvo empañado por la decisión de Bernardinho de alinear a suplentes y no esforzarse contra Bulgaria en el último partido de la primera fase.
Brasil perdió 3-0 ante los silbidos y denuncias de amaño por parte de la exigente afición italiana, que identificó una clara intencionalidad en la derrota de los pupilos de Bernardinho, que de esa manera se aseguraron un camino más fácil hacia la final.
Este Mundial ha vuelto a poner a Brasil en lo alto, después del año nefasto de 2008, en el que además de la Liga Mundial perdió la final olímpica y vivió sus momentos más turbulentos, tras la salida de Ricardinho, entonces el mejor colocador del mundo, por sus desavenencias con el entrenador.
Bernardinho es conocido por su carácter duro, su exigencia al límite y su disciplina marcial. Chocó con Ricardinho tras la Liga Mundial de 2007 y no le tembló la mano para excluirlo del grupo días antes del comienzo de los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro.


Foto: Los brasileños Leandro Neves Vissotto (2 i) Lucas Saatkamp (2 d) y Dante Guimaraes Amaral (d) defienden ante el italiano Cristian Savani (i), el 9 de octubre de 2010, durante el partido por la segunda semifinal del Campeonato Mundial Masculino de Voleibol en Roma (Italia). EFE/Maurizio Brambatti.


Marquetti, un pelotero de la gorra a los spikes

Pertenezco a una generación que tuvo la oportunidad de ver béisbol del bueno en Cuba. Agustín Marquetti formó parte de ese grupo de peloteros estrellas que hoy son muy difíciles de encontrar en la isla debido al resquebrajamiento del deporte de las bolas y los strikes.
Marquetti, junto a Armando Capiró, Pedro Medina, Rey Vicente Anglada, Rodolfo Puente, Santiago “Changa” Mederos y muchos otros más, componían el poderoso Industriales durante la Serie Nacional (16 equipos) y el Habana en la Selectiva (6 solamente).
Las selecciones de Villa Clara y Las Villas –de las cuales yo era un fanático por ser mi tierra natal- no se quedaban detrás. Nuestra novena la encabezaban peloteros de la talla del “Gigante del Escambray” Antonio Muñoz, “El Señor Jonrón” Pedro José Rodríguez, Héctor Olivera, Lourdes Gourriel, Pedro Jova, Alberto Martínez, entre otros.
Siempre existió una gran rivalidad entre los conjuntos occidentales y centrales. Ambos planteles presentaban con regularidad dos tremendos trabucos. A la hora de integrar el “Team Cuba” muchos de ellos se turnaban sus respectivas posiciones, como eran los casos de Marquetti/Muñoz en primera base, Medina/Albertico en la receptoría y Puente/Jova en el campocorto.
“El Toletero de Alquízar” –como cariñosamente llamaban a Marquetti- representó muy dignamente no solo a su provincia, sino también a nuestro país en eventos internacionales. Con su legendario número 40 y su forma peculiar de alzar el bate en el cajón de bateo se convirtió en una verdadera pesadilla para cada pitcher contrario que se subía a la lomita.
“El Rey del Tenedor” Rogelio García pudiera dar fe perfectamente del descomunal poder que tenía Marquetti en sus años mozos. En 1986 el inicialista de Industriales le desapareció la bola a Rogelio en el noveno episodio por el jardín derecho, quien lanzaba por Vegueros, Pinar del Río. Este bambinazo de cuatro esquinas le dio el título al conjunto capitalino.
Con su visita a Miami Agustín Marquetti nos ha traído muchos recuerdos a nuestras mentes. Sin duda alguna este fue un pelotero de la gorra a los spikes, dentro y fuera del terreno de juego, y una de la grandes glorias que ha tenido la pelota cubana en las últimas cuatro décadas.
La Capital del Sol se siente feliz y orgullosa de tener a Marquetti entre nosotros por estos días y le queremos dar las gracias por honrarnos con su visita. En él, los peloteros de hoy, tienen un intachable modelo a seguir.
Juan Carlos León
Miami, FL.

 

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