| Promesas VIP | ||||
|
|
Lo prometido es deuda y muy pocos están dispuestos a perdonar. Sobre todo, si el autor de la maravillosa idea es uno de los habituales del papel couché. Famosos como Enrique Iglesias, Larissa Riquelme o Alejandro Sanz lo saben bien. Es muy fácil decir “me quitaré la ropa” o “me comeré un zapato”. El problema llega cuando toca cumplirlo. En la quiniela de las ideas peregrinas hay apuestas para todos los gustos. A veces, el exceso de entusiasmo o la falta de fe hacen prometer las cosas más extravagantes. Pero hay que tener cuidado. Puede que los astros conspiren y aquello que no parecía probable acabe por suceder. Es entonces cuando los arrebatos de osadía pasan factura y no siempre es fácil cumplir lo prometido. Este es el caso del cantante Enrique Iglesias. En junio declaró ante los micrófonos de la BBC que si España ganaba el mundial de Sudáfrica se “iba a emborrachar” y haría “esquí acuático desnudo en Cayo Vizcaíno”. Aunque Enrique, un hombre de palabra, confirmó a la página de noticias californiana “Access Hollywood” que cumpliría lo prometido, parece que la operación se ha complicado. El cantante será detenido “si se exhibe de forma indecente y alguien lo ve”, aseguró a Efe un portavoz de la policía del condado de Miami-Dade. EL AGOSTO DE LAS PELUQUERÍAS Ya son ganas de complicarse la vida. Si de prometer se trata, es preferible experimentar con algo más sencillo. A Alejandro Sanz nadie le impidió raparse al cero tras la victoria de la selección española. Una foto del cantante con la cabeza afeitada en la red social Twitter lo corrobora. Pero no parece ser suficiente. Una de las internautas le reprocha que “eso no es al cero” y afirma que “tiene que quedar como el de Pepe Reina” (portero suplente del combinado español). A lo que Sanz respondió con un desenfadado “me crece rápido”. El mundial se ha convertido en un filón para los peluqueros. El diputado chileno Gustavo Hasbún también se cortó el pelo tras el triunfo de Chile ante Honduras, según publicaba la web “adnradio.cl”. Sin embargo, los peinados estrafalarios han pasado a un segundo plano. Lo que de verdad está de moda es desnudarse. NUDISMO DEPORTIVO Algo más entusiasmados que los argentinos con la posibilidad de encontrarse a su dios del fútbol en cueros debían de estar los paraguayos ante la expectativa de ver a Larissa Riquelme como la trajeron al mundo. La modelo decidió desnudarse si Paraguay ganaba el mundial, pero su sueño nudista quedó truncado en los cuartos de final. Sin embargo, ella es una chica de ideas fijas y cuando se propone desnudarse, no hay selección en el mundo capaz de impedírselo. Que Paraguay fuera eliminada sólo es un pequeño inconveniente. No se desvistió en la plaza de la Democracia de Asunción, como era su primera idea, pero lo hizo en las páginas de un periódico local. Sin embargo, la historia no acaba así. Aquellos que se han dejado llevar por la tentación se han encontrado con una desagradable sorpresa. La paraguaya se ha convertido en el anzuelo de un virus por Internet. Un supuesto vídeo sexual de Larissa con un futbolista esconde un troyano capaz de descargar un software que permite controlar de forma remota el equipo, según publicaba la versión digital del diario “ABC”. Por lo que el incauto que lo descargue perderá el control de su ordenador. PANTUFLAS CON CHOCOLATE Hay que tener cuidado con lo que se promete porque quizás uno tenga que comerse sus palabras o, dependiendo del caso, sus zapatos. Aunque las zapatillas que le sirvieron al político noruego Ulf Erik Knutsen ni siquiera eran suyas. En 2008, Knutsen acudió a un programa en directo de la cadena pública NRK1, donde le presentaron en un plato unas pantuflas cocinadas con salsa de chocolate. Siete años antes, había prometido que se comería unas pantuflas viejas si los gastos de la nueva Casa de la Ópera de Oslo no excedían de 10.000 millones de coronas noruegas (unos 1.650 millones de dólares). El edificio en cuestión costó algo menos de 4.000 millones de coronas (unos 600 millones de dólares). Aunque el político afirmó que sus palabras habían sido malinterpretadas, cumplió lo que había prometido. En definitiva, debemos tener claro que no se puede prometer algo y esperar que el tiempo pase y los demás se olviden. Porque, por más que el arrepentimiento o la cordura quieran llevarnos por el camino de la sensatez, una promesa es una promesa.
|


