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26 de julio de 1953 fecha luctuosa en Cuba
Escrito por Esteban Fernández    Miércoles, 28 de Julio de 2010 13:33    PDF Imprimir E-mail

 Fue un domingo de carnaval en 1953. Hace 57 años.  Y ahí comienza la debacle en Cuba. O ¿sería más fino decir que “ahí  se formó el desmadre” en nuestra Patria? 

Si usted es cubano sabe lo que les estoy hablando, pero por si acaso algún “extranjero” me está  leyendo permítame aclararle que ese fue el día fatídico en que Fidel  Castro atacó un cuartel del Ejército Constitucional de Cuba llamado  El Moncada. 

¿Lo atacó Fidel? No, más bien  fue el que (quizás) tuvo la idea de atacarlo. Y digo “quizás” porque  a lo mejor ni la idea fue precisamente de él. 

Ya que la verdad es que hasta  los fanáticos apologistas y guatacas escritores del régimen nunca han podido situarlo en un lugar de combate y de peligro durante el ataque. Porque yo soy de los que cree firmemente que Fidel Castro es  un cobarde. 

Lo que sé es que se derramó sangre de ambas partes del conflicto. Y que el causante directo fue  Fidel Castro. Y eso sólo fue un pequeño “manantial de sangre”, el  inicio de una enorme catarata de sangre. Mas que ríos de sangre se  trata de un verdadero océano. 

Y la cosa estuvo mal planeada. Como todas las cosas que planea Fidel Castro. Los que  entraron al cuartel (está de más decirle que Fidel no era uno de  ellos) fueron a buscar la armería y se encontraron con una barbería.  Ahí comenzó la hecatombe. 

Después del fracaso, y de la  pila de muertos, Fidel corrió a meterse debajo de la sotana del  Arzobispo Enrique Pérez Serantes el cual intercedió y le salvó la  vida. Hay quienes dicen que el viejo Ángel Castro pagó unos cuantos  miles de pesos por esa transacción. 

Le celebran un juicio público donde él mismo se convierte en su propio abogado defensor. Creo que  esa fue una de los pocas veces en que Castro utilizó su titulo de  abogado, porque jamás se le ha conocido un sólo verdadero empleo en  su vida. 

Ese juicio él lo convierte en  un acto de propaganda personal y ahí comienza su labor de  endiosamiento y egolatría. Sus últimas palabras en ese juicio fueron  “¡Condenadme, no importa, la historia me absolverá!”. Ahora la gente  dice que (ni en eso fue original) esas palabras “las copió de Adolfo  Hitler”. Pero ¿por qué casi nadie lo dijo en esos momentos y nos  hubieran abierto un poco mejor los ojos a los cubanos sobre esta  sabandija? Hoy ese documento está prohibido en Cuba. 

Va a parar a la prisión por  unos cuantos meses. Y allí vive “mejor que Carmelina” como sus  cartas de esa época lo indican. En contraste con la barbaridad del  sistema carcelario que él implantó más tarde. Mientras tanto su  esposa Mirta estaba recibiendo “una botella” del gobierno.  

Dije “unos meses en prisión” porque al poquito rato Fulgencio Batista decreta una amnistía y  lanza para la calle a esa pandilla de bárbaros y criminales  compuesta por Fidel, Raúl Ramiro y Almeida. Observe usted: le salva  la vida un cura y el gobernante que intenta derrocar le conmuta la  condena. En otras palabras, si Castro hubiera sido "un hombre  agradecido" tenia que haberse convertido ahí mismo en un ferviente  “batistiano-católico”, pero en su lugar mas tarde se declaró  “comunista” supongo que “como premio” a la condena pública del ataque que hicieron los líderes comunistas del país quienes se  encontraban en Santiago de Cuba en esos momentos celebrando el  cumpleaños de Blas Roca.

 Si un americano (en el país  más libre del mundo) se lleva una señal de tráfico, ebrio, y mata a  un transeúnte, cumple mucho más tiempo de cárcel que lo que cumplió  Fidel por la carnicería que formó en el ataque al Moncada un 26 de  Julio del año 1953. 

Y como colofón de este ataque sorpresivo y alevoso surgió el nombre del “Movimiento 26 de Julio”  agrupación revolucionaria que el propio tirano utilizó e  increíblemente más tarde decapitó. Vaya, Fidel mató, le dio el tiro  de gracia, al 26 de julio. 

2010. El lunes, en Santa Clara, todo fue un desastre. Raúl ni se atrevió a hablar, el tirano mayor no está en condiciones físicas para hacer el viaje hasta esta ciudad y pusieron a hablar al octogenario José Ramón Machado Ventura.      

 

 

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