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Promesas incumplidas
Escrito por Rev. Martín Añorga    Miércoles, 28 de Julio de 2010 13:23    PDF Imprimir E-mail

Los autotitulados revolucionarios que tomaron el poder en  Cuba en 1959 prometieron al pueblo un país sin cárceles y lo que nos han dejado son cárceles sin país. En estos días hemos enumerado las cárceles que hay en cada provincia de la Isla, y nos hemos puesto a pensar que para 260 “presos de conciencia” hay más celdas de la cuenta. Suponemos que la delincuencia en nuestra tierra ha aumentado de forma incontenible.

“Es que ahora los delitos son más que antes”, me dijo un joven recién llegado, y añadió que robarse una fruta de una venduta o un pan de una destartalada bodega eran delitos penados con más de cinco años de cárcel. “Estar sentado en una orilla de la acera conversando con amigos” es una falta que la policía no ignora. Llegan los agentes y nos mandan a que disolvamos el grupo. Los que se niegan o regresan, son detenidos. Si en la estación de policía no se dejan insultar o golpear, se les acusa de resistencia a la autoridad y los meten en la cárcel hasta que se les celebre el juicio, algo que sucede cuando le parece oportuno a un  juez, a veces seis o siete meses después”..

La lista de delitos en la Cuba de hoy es sombría. Tan solo porque se sospeche que una persona pueda hacer algo ilegal se le detiene, no por ejecución del delito, sino “para prevenir que lo cometa”, siendo así que suman miles los presos que cumplen una sentencia no dictada por la corte, sino impuesta por el capricho de individuos enfatuados encargados de proteger lo que llaman “el orden social”.

En cualquier ciudad demócrata del mundo uno puede expresar sus pensamientos en alta voz. En La Habana, a un joven de la raza negra que había bebido unos tragos de más se le ocurrió gritar “¡abajo Fidel!”. A golpes y empujones lo metieron en un carro de la policía y lo tiraron en una mazmorra oscura, pestilente, sin ventilación y sin servicio sanitario y lo mantuvieron más de 72 horas sin darle ni agua ni alimentos. Después de ese salvaje castigo le impusieron varios años de prisión.

La razón de que en Cuba haya tantas cárceles y tantos presos es la rigidez del sistema político impuesto en el país. Le preguntamos a los hermanos Castro y a sus secuaces ¿qué se ha hecho del “hombre nuevo” que tanto pregonaron a poco de haber asaltado el poder en  la Isla? Muchos pensaron, con lamentable ingenuidad, que el socialismo formaría a ciudadanos decentes, correctamente vestidos, con profesiones y trabajos disponibles, respetuosos y apegados a los valores de la honradez y el decoro. Todo ha sido, sin embargo un fraude.

Con las excepciones de rigor que siempre hay que tener en cuenta, los cubanos de hoy carecen de modales para comer, no saben expresarse con corrección y han adoptado una moral acondicionada o relativa como norma de vida. “A mí lo que me importaba era tomarme un par de cervezas y buscarme una muchachita para pasar un rato”, me confesaba un joven que aquí en Miami se integró a una iglesia y descubrió lo que significa de veras “ser un hombre nuevo”.

“En Cuba para vivir –nos decía un señor de edad madura que vino de la Isla, agraciado por un sorteo-, lo que hay que hacer es aprovechar el momento y tratar de sacar ventaja de todo”. Esta persona se desarrolló en su niñez en un modesto hogar, en el que no faltaba nada y en el que se enseñaban los valores cristianos y morales por los que debe regirse la vida. “Pues bien  -nos siguió contando-, yo, que no fumo, me apunté para recibir cigarrillos y además de coger los que me pertenecían, por un simple soborno al que los vendía tenía acceso a varias cajetillas extras. Mi negocio era venderlos después a sobre precio”. El comentario final fue triste: “Si  mi padre, que murió hace años,  hubiera sabido de qué yo vivía, se hubiera enfermado de pena”.

Esa promesa del “nuevo hombre”: en la que creyeron líderes cristianos que  no son capaces de reclamarle su responsabilidad a la dictadura, es el fiasco más doloroso de la llamada revolución..

En La Biblia hay un texto que yo cito a menudo, en Eclesiastés 5:5, “mejor es que no prometas, que no que prometas y no pagues”. La revolución está en deuda impagable con el pueblo de Cuba.
Castro prometió abundancia y ha implantado la más vergonzosa escasez.; prometió libertad y ha llenado la Isla de cárceles en las que se priva de libertad a lo mejor de la juventud cubana. Prometió Castro una Cuba limpia, adelantada y feliz y lo que les está legando a las futuras generaciones es una tierra árida, sucia y sin cuidado, ciudades deshechas, calles abandonadas y parques y plazoletas desoladas, anegadas en yerba mala.

Prometió el tirano que jamás una madre lloraría por un hijo muerto, víctima de conflictos armados, y envió a miles de hombres llenos de esperanza a sacrificarse en  guerras africanas que nada tenían que ver con el porvenir de Cuba. Prometió el respeto a los derechos humanos y levantó paredones de fusilamiento en casi todas las ciudades cubanas, en los que fueron segadas las vidas de adolescentes a quienes se les degolló el futuro y las de hombres,  padres de familia, trabajadores y decentes que nunca habían transgredido ley alguna.
 
El vil y envejecido tirano prometió que Cuba sería tan próspera, segura y feliz que ningún cubano tendría que salir al exterior en procura de fortuna, y lo que ha hecho es provocar más de un millón de exiliados, que viven esparcidos por el mundo, pero intacta la dignidad patriótica.
 
Castro prometió escuelas en lugar de cuarteles, y lo que ha hecho es convertir todos los centros de enseñanza en cubiles de adoctrinamiento  marxista y regar por la isla a miles se asalariados dispuestos a pegarle un tiro al inocente que se atreva a protestar del sistema.
 
Es evidente el fracaso del socialismo, pero los que de él viven se apegan a su imposición para no perder prebendas ni privilegios. ¿Dónde está la igualdad social que preconizó el tirano? La nueva clase gobernante vive en mansiones, disfruta de manjares, goza del vino mejor y establece a su familia en las más ricas capitales del mundo. Esa peregrina idea de que no habría pobres ha sido el timo más canallescamente urdido por parte de los comunistas, porque Cuba nunca ha sido tan pobre como hoy, ni aún en los tiempos de Valeriano Weiyler.

Cuando vemos a individuos como Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega hablando del neo socialismo como fundamento para la creación de una sociedad más justa y próspera, nos reaparece el dolor de la mentira que ha hundido al pueblo cubano. Estos individuos, todos apegados al poder omnímodo y permanente son aprovechados que quieren erigirse en redentores cuando no son otra cosa que fabricantes de cruces y crucificados.

El tirano Castro, desde el pedestal infame de sus engaños, nos ha enseñado una cosa: que no debemos creer en promesas de revolucionarios, estadistas con tonalidad apostólica, y en gobernantes que prometen con sus palabras lo que niegan con sus hechos

El comunismo es una farsa y los farsantes que se le abrazan, con tal de implantar su anacrónica ideología, terminan aniquilando al pueblo al que dicen representar. Recordemos las palabras de Víctor Hugo: “las promesas se van a donde va el viento de las llanuras”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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