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Salvador Lew “rompe el silencio” y se atreve hablar de su amistad con Juanita
Escrito por Germán Acero E. / LIBRE/ Exclusiva    Miércoles, 28 de Octubre de 2009 08:32    PDF Imprimir E-mail

Juanita Castro siempre fue una mujer de un carácter recio y muy bien definido. Una mujer de principios y vertical cuando había que tomar decisiones fuertes, especialmente, las relacionadas con la política o incluso con su misma familia.

Por eso, desde que llegó al exilio de Miami, buscó un hombre de confianza como Salvador  Lew para que la orientara y le hiciera las relaciones públicas con ciertas personalidades que ella estaba interesada en conocer tras romper sus vínculos familiares con los Castro en Cuba.

Su posición respecto a Fidel y Rául fue dura siempre ya que ella nunca comulgó con la orientación política que había dado los Castro al gobierno tras asumir el poder en la Isla y, de pronto, comenzar a virar hacia un socialismo que finalmente acabó en el comunismo tiránico.

Fue en un comienzo de la primavera del año 1964 cuando Salvador Lew se puso de traje y marchó para el aeropuerto de Miami a recibir a una mujer que sólo conocía porque ella le había escrito varias cartas pidiéndole que fuese la persona encargada de  relacionarla en los Estados Unidos.

“Era la única que no conocía de los Castro. Cuando apareció en el lobby del aeropuerto me sorprendí por su presencia  y su porte de dama de bien, sus finas maneras no sólo de hablar sino de saludar y de conducirse”, opinó Salvador, quien se precia de ser un entrañable amigo de ella.

Con el pasar del tiempo Salvador, poco a poco, fue convirtiéndose como “en la mano derecha” de Juanita, quien buscaba penetrar en relaciones políticas en los Estados Unidos, ya que estaba interesada en dar los primeros pasos para comenzar a conspirar contra Fidel y Raúl.

“Ella nunca, quiero aclarar, quiso conspirar para matarlos  sino para derrocarlos. Era una mujer de principios y de respeto hacia los demás. Por eso ella nunca comulgó con la política comunista de sus hermanos”, recalcó Salvador.

“Juanita siempre tuvo un corazón abierto y sincero para ayudar a la gente. A ella se  debe el  haber  ayudado a muchos cubanos de bien, amenazados por Castro, a salir con vida de la Isla”, recordó Lew en su apartamento d e Miami.

Como anécdota relató que fue una mujer muy diferente a la que le pintaron en una foto que le enviaron a Miami para que la fuera conociendo y se fuera llevando una idea de la mujer que tenía que ayudar en el exilio de Miami.

“Era una mujer más bella en persona. Incluso le hice un presente verbal ratificándole que era una mujer muy hermosa”. dijo Salvador quien aún guarda varias de las cartas que le escribió Juanita desde México.

“No fue fácil tomar la decisión de ayudar a Juanita puesto que se trataba, en el fondo, de una hermana de los Castro, pero cuando la escuché y la fui conociendo más y más, entonces, me dí cuenta que estaba frente a una mujer que quería luchar por la libertad de Cuba”, insistió.

Salvador se llena de orgullo cuando trae a la memoria los continuos viajes que hizo con Juanita a diversas ciudades de los Estados Unidos donde ella, incluso, dictaba conferencias y pontificaba sobre su lucha por la democracia y la libertad en la Isla.

“Ella, al principio lógico no hablaba el inglés, pero las charlas que daba en español maravillaban a los oyentes en todas las universidades e instituciones donde  actuaba frecuentemente y se convirtió en una extraordinaria  conferencista”, resaltó Lew.

“Lo más que destacó de ella es su bondad y su humanidad. Recuerdo que en cierta oportunidad, desafiando su propia vida, fue a hablar con Fidel para salvarle la vida a Humberto Sori Marín, quien fue ministro del primer gobierno de Urrutia pero que al final fue mandado fusilar por Fidel”, relató.

  “Ella siempre se enfrentó a Fidel. Y lo hizo para defender a más de uno. Estaba muy alterada con los Castro por el viraje que le estaban dando al gobierno de corte comunista: Hay mucho viejo comunista en el poder, les decía ella, a cada rato”, dijo a LIBRE.

“Vasco Lithaota Acuña, fue su entrañable amigo, quien era el embajador de Brasil. Su esposa Virginia fue tremenda conspiradora contra los Castro. Juanita siempre reunió a cientos de comensales en todas su conferencias. Fue una tremenda mujer de principios y derechos”, reveló.

“Cuando ella  hablaba, ante diversos auditorios, siempre la aplaudían.   Era una mujer que sabía mucho de la política de Cuba. Embelecía  a todos los auditorios con su lenguaje claro  veraz y objetivo, indicó Salvador.

“Nunca se preocupó por qué el régimen no caía. Al contrario, siempre insistía , en que había que incentivar la lucha contra la tiranía”, dijo Salvador quien recordó que ella fundó  la organización Marta Abreu para continuar la lucha en el exilio.

En muchos países, como Colombia y Venezuela, ella se convirtió en un hito político.Todo el mundo quedaba fascinado por su tremenda oratoria, enfatizó  Lew quien dijo que “ella nunca tuvo miedo por nada ni por nadie”.

Lew recuerda, con nostalgia, su vida en el exilio donde dirigió una emisora con connotados periodistas. “La WQBA  fue inspiración mía”, dijo Salvador, quien nació en Camajuaní, provincia de las Villas, en el centro de Cuba. Estudió en la Universidad de la Habana Derecho.

Tiene una hija de la unión matrimonial con las doctora María González. 


Foto: Salvador se ufanaba de tener una entrañable amistad con Juanita Castro.

 

 

Actualizado ( Miércoles, 04 de Noviembre de 2009 05:37 )
 

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