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Leyes migratorias
Escrito por Rubén Navarrete, Jr    Miércoles, 30 de Julio de 2008 11:38    Imprimir E-mail

SAN DIEGO—  En las guerras de la inmigración, hay que escoger las batallas con cuidado. De lo contrario, uno termina tratando de convencer a los convencidos.
Los nativistas de la extrema derecha están equivocados cuando tratan de limitar la inmigración legal, declarar el inglés como idioma nacional y modificar la 14° Enmienda para que, en el futuro, los hijos de inmigrantes ilegales nacidos en Estados Unidos no puedan ya ser ciudadanos estadounidenses.
Los de la extrema izquierda —demócratas liberales, sindicatos, defensores de los inmigrantes, entusiastas de las fronteras abiertas, etc.— están equivocados al clamar contra las redadas realizadas por el Organismo de Inmigración y Aduanas (ICE, siglas en inglés), en las plantas procesadoras de carne de la zona central del país.
En una de las operaciones más recientes de ese tipo, en Postville, Iowa, agentes federales aprehendieron a casi 400 trabajadores inmigrantes ilegales —la mayoría de los cuales eran de Guatemala— en Agriprocessors Inc., el matadero y planta procesadora de carne kosher más grande de la nación. Más de 250 fueron acusados de robo de identidad, por utilizar documentos falsos para obtener empleo. Como renunciaron a su derecho a ser acusados formalmente por un gran jurado, algunos fueron sentenciados inmediatamente a cinco meses de prisión. Otros fueron deportados.
A propósito, ¿alguna vez se preguntaron por qué las plantas procesadoras de carne y otros alimentos utilizan tantos inmigrantes ilegales? Pasen sólo un turno de entre 12 y 15 horas trabajando en esos establecimientos —con el olor, la sangre, los peligros y el duro trabajo, por 7,25 dólares por hora (lo que se les pagaba, según un inmigrante ilegal apresado en Potsville)— y ya no se lo preguntarán.
Los críticos de estas redadas deberían hablar más acerca de la hipocresía de los estadounidenses y la forma en que ayudamos a crear el lío del que nos quejamos. Deberían señalar que nosotros hemos creado un mercado para inmigrantes ilegales al despreciar los mismos empleos sacrificados y sucios que nuestros padres y abuelos desempeñaron hace unas generaciones.
En lugar de eso, los de la izquierda salen y critican las redadas en los lugares de trabajo, cuya intención es simplemente responsabilizar a la gente por quebrar la ley.
En su discurso reciente ante el Consejo Nacional de La Raza, Barack Obama dijo al público lo que éste quería oír cuando expresó: “El sistema no funciona... cuando las redadas de ICE aterrorizan las comunidades —cuando madres que amamantan a sus hijos son separadas de sus bebés, cuando los niños vuelven de la escuela para encontrar que sus padres han desaparecido, cuando se detiene a personas sin que éstas tengan acceso a representación legal”.
En la reciente reunión anual de la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos en Miami, el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa, el alcalde de Oakland, Ron Dellums y el de Seattle, Greg Nickels, pidieron a sus colegas que adoptaran una posición contra las redadas de inmigración. El trío introdujo una resolución pidiendo a ICE que se concentre en empresas que explotan a los trabajadores al violar leyes de jornales y de seguridad, no en “empleadores responsables” que apoyan la economía.
Y Eliseo Medina, vicepresidente ejecutivo del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios, condenó “las fallas de la costosa estrategia de redadas para imponer la ley, del gobierno de Bush”, que, expresó, “destruye comunidades locales pero no hace nada para arreglar nuestro sistema fallido”.
¿Vieron lo que acabó de suceder? Los liberales y otros de la izquierda han presentado una posición que, esencialmente, dice lo siguiente: Si los inmigrantes ilegales pueden superar el obstáculo de los agentes de la Patrulla Fronteriza, debe permitírseles obtener protección, en la medida en que marquen tarjeta en el reloj registrador.
Oh, hay mucho para criticar en las recientes redadas de inmigración, empezando por el hecho de que parece que nunca se castiga a los patrones con tanta severidad y tan públicamente como se hace con los trabajadores —al menos los funcionarios de inmigración no lo hacen. (Siempre existe la esperanza de que otras entidades gubernamentales —tales como el Departamento de Trabajo de Estados Unidos o incluso el Servicio de Impuestos Internos, examinen un caso e impongan su propia justicia). O el hecho de que a menudo los que son capturados son arreados como ganado y acusados de delitos serios, como el de robo de identidad. O el hecho de que, sin acceso a un abogado, muchos se declaran culpables en procedimientos que ni siquiera comprenden y terminan en prisión, en lugar de ser simplemente deportados como lo han sido típicamente.
Pero en el asunto más amplio de si debe o no haber redadas en primer lugar, la opción es simple: o se piensa que las leyes migratorias son importantes y se las debe imponer —utilizando incluso redadas en los sitios de trabajo— o se piensa que no.
Aparentemente, hay mucha gente que cae en la segunda categoría. Y, aunque quizás se base en buenas intenciones, ese manera de pensar no es muy útil en este debate.

Actualizado ( Miércoles, 06 de Agosto de 2008 08:55 )
 

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