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La verdadera enfermedad de Hugo Chávez
Escrito por Rev. Martín N. Añorga    Martes, 20 de Septiembre de 2011 01:36    Imprimir E-mail

Se ha popularizado de tal manera el cáncer que sufre el “presidente” de Venezuela, Hugo Chávez y Frías, que pocos son los que se fijan en su verdadera enfermedad. Por cierto, que Chávez se ha encargado de llamar la atención sobre su padecimiento físico, paseándolo por Cuba, mencionándolo de manera continuada en público y hasta sometiéndolo al supuesto poder milagroso de ritos aborígenes; pero ninguna de estas artimañas puede eludir la presencia de su verdadero e indudable mal.
 
Chávez padece de “teomanía”, vocablo que se define en el Diccionario Terminológico de Ciencias Médicas, de Editores Salvat, de la siguiente manera: “locura religiosa, especialmente estado de alienación mental en el que el paciente se cree inspirado por la divinidad o  poseedor de ésta”, y ya que no soy siquiatra probablemente un experto en el tema usaría para definir al locuaz tiranuelo venezolano otra palabra, “megalómano”, que se define como “delirio de grandeza, convicción irracional de la propia fama, riqueza o poder”.

Ciertamente ambos términos médicos describen a un individuo con pretensiones de divinidad y apegado insanamente a la idea de que es poseedor de una autoridad inapelable.
 
Chávez necesita, además del molesto tratamiento de quimioterapia, un intensivo tratamiento siquiátrico, y rápido, porque su personalidad se inclina a una calcomanía de Nerón, el loco emperador romano que según los historiadores Suetonio y Dión Casio, mientras Roma ardía, tocaba la lira o la cítara cantando el “lliou persis” (El Saqueo de Troya), para terminar –al estilo de Chávez, echándole la culpa a los cristianos.
 
La identificación de Chávez con Moammar Muhammad Abu Minyar Gaddafi es un síntoma de locura precoz. ¿Por qué echó su suerte con Manuel Zelaya, el aspirante a dictador de Honduras destituido constitucionalmente y combatió a Roberto Michelette por tomar provisionalmente el poder? Gadaffi obtuvo el poder en 1969 por medio de un cruento golpe de estado; pero en este caso Chávez no tuvo en cuenta al gobernante destituido ni se basó en el manido concepto de respeto a la democracia que demostró en su trato con Honduras. Se ha identificado con un individuo evidentemente orate, brusco, criminal, polígamo, abusador y enriquecido por el pillaje y el asalto a su propio pueblo, que se ha auto titulado “el rey de reyes”. Esa identificación es un síntoma de irracionalidad.
 
La Interpol ha decretado una orden de arresto contra Gadaffi, acusado de “crímenes de lesa humanidad”, y varios gobiernos de la Unión Europea han ordenado el congelamiento de cerca de siete mil millones de dólares que acumulaba el brutal líder libio, y que ahora podrán ser asignarlos como ayuda humanitaria al pueblo avasallado y empobrecido por su dictadura imperial. Hay un proceso de identificación entre dos hombres con identidades paralelas, aunque Chávez todavía no ha llegado a la comisión de crímenes masivos, ha usado desde 1999, cuando asumió el poder en Venezuela, una política intimidante, considerando como peligroso enemigo a todo aquel que no se someta a su autoridad.
 
Un presidente de una nación como Venezuela debiera ser un hombre serio, respetuoso y de valores éticos; pero Chávez es una figura folklórica de teatro barato. No teme hacer el ridículo intercalando mal entonadas rancheras en sus discursos ni se apena de usar vocablos profanos ni de mencionar a jefes de estado y altos funcionarios de otros países con expresiones soeces y procaces. Si tomáramos un par de las peroratas de Chávez ante las cámaras de televisión y les hiciéramos un estudio analítico tendríamos que llegar a la conclusión de que es un desquiciado mental peor que Abdalá Bucaram, el destituido presidente del Ecuador en el año 1996 por “incapacidad mental para gobernar”.
 
Recientemente Chávez condenó lo que llamó “la infamia del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos” al colocar a cuatro de sus aliados en una lista negra por su asociación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el tráfico de armas y drogas, aduciendo que él también tiene su propia “lista Chávez” de terroristas internacionales que incluye a varios legisladores estadounidenses y al secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen. Textualmente dijo Chávez, “las sanciones son una cosa como para reírse,  pero que forma parte de una tragicomedia … yo también tengo mi lista, la lista Chávez: sanciónese a Ileana Ros-Lehtinen. Ella ha llamado a mi derrocamiento. Eso es terrorismo, debería estar presa”.
 
Si tratar de derrocar a un presidente fuera terrorismo, Chávez se acusa a sí mismo porque en el mes de febrero del año 1992, respaldado por un grupo de militares pertenecientes al Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR200), ejecutó un fallido golpe de estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Cumplió solamente dos años de encarcelamiento porque el presidente Rafael Caldera le concedió el indulto. Llamar terrorista a una de las más dinámicas congresistas de Estados Unidos, Ileana Ros-Lehtinen por su supuesto “llamado a derrocarlo” es una evasión cobarde de responsabilidades, propias de un individuo con peligrosas lagunas mentales.
 
La tendencia de Chávez de elegir como símbolos a tiranos que desconocen leyes y aplastan a sus pueblos es una especie de morboso sadismo, y volvemos a citar el Diccionario Terminológico de Ciencias Médicas en el que se define el sadismo, textualmente, de la siguiente manera: “vocablo alusivo al novelista francés marqués de Sade; perversión sexual en la que se provoca y excita la voluptuosidad por las torturas infringidas a otro individuo”. No caben dudas de que Chávez se complace con la alianza de hombres como Castro, responsable de miles de fusilamientos y de encarcelamientos y torturas a miles de hombres y mujeres por el delito de no aceptar su totalitarismo.
 
Un individuo que se ufana de ser defensor de la democracia qué tiene que ver con un gobernante que se sembró en el poder por más de medio siglo y con un presidente que nadie eligió. La única explicación es que se obsesiona con la fuerza, la ejecución del crimen y la adhesión malsana al poder. Sentir placer por el dolor que sufre un pueblo y admirar a los que provocan ese dolor es una forma de sadismo. Se trata de una repulsiva cara de la locura.
 
El “presidente bolivariano” que ha despilfarrado miles de millones de dólares para hacerse parecer como un hombre dadivoso, entregando el dinero a países y gobernantes desacreditados, pretende elevar su ego a costas de la pobreza de su propio pueblo. Exhibir prepotencia y riqueza ilimitada es una forma de expresar megalomanía, hecho que se relaciona con un estado de deficiencia mental.
 
Algo que adicionalmente nos inclina a pensar en el desequilibrio racional de Chávez es su patológica fijación con los Estados Unidos. Al igual que Castro, se ha fabricado ilusoriamente un enemigo con el que mantener asustado y controlado a su pueblo. Saben, tanto él como el déspota cubano que los Estados Unidos no tienen planes de intervenir militarmente en sus respectivos países; pero la actitud de enfrentarse airadamente, con insultos y mentiras, al coloso del Norte, les infla el orgullo. Esa es una manera de exhibir una forma aviesa de locura.

Nuestro consejo a los amigos, socios y colaboradores de Hugo Chávez es que lo conduzcan de emergencia a un centro de ayuda siquiátrica antes de que termine de contagiarse con la perversidad de Gadaffi y del criminal cinismo de los hermanos Castro, y concluya su vida como Nerón, cantándole al país que está destruyendo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

 
-2 # Jose Luis 23-09-2011 05:11
Bueno, todos los escritos del Rev. Añorga siempre son de alta calidad. Aqui el define el caracter de este personaje, sien embargo cuando lo estoy leyendo me parece que esta delineando el mismo caracter que tenemos en Cuba, el cual es un MAGANOMALO de gran calibre, un sabe lo todo y hasta catador de vinos, sin mencionar que su grandeza se elevó de tal manera que fue y es...dueño de la vida y muerte de cada ciudadano cubano, se cree mas grande que Jesuscristo y es aqui donde yo me pregunto...Donde está la justicia divina que no ha actuado sobre este personaje..? es hora que le rinda su alma al Diablo.
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