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Mensaje total a los cubanos en horas de confusión
Escrito por Luis Conte Agüero    Miércoles, 28 de Julio de 2010 13:30    PDF Imprimir E-mail

Anda el tirano babeando oficinas y estudios habaneros para recuperar vigencia. No se resigna a que su hora pasó. Hora prolongada en décadas de infamia y crueldades infernales. Ni siquiera la ancianidad lo hace lucir venerable. Parece que ruinas humanas vuelven en odios y oprobios a predecir la Apocalipsis. Evadiendo el tema doméstico, se consagra a pronosticar y en el fondo querer la desgracia nuclear, la guerra de exterminio que, desde luego, no incluya su muerte. Estos cambios en una situación que sigue siendo la misma mueven en LIBRE estas líneas de libertad.

Reconquistar nuestra historia para salvar el porvenir. Repito el lema “De la añoranza a la esperanza”. Duele esa Cuba de hoy, de ahí el aprovechamiento de fechas claves por organizaciones del destierro para volcar su digna indignación contra el totalitarismo asesino, honrar la patria fundada por los próceres y alzar un mañana donde sea la democracia el orden de la libertad.

Tras las penas inenarrables que hoy padece, el pueblo de Cuba tiene el derecho y el deber de hacer lo suyo y más, a pesar de la miseria que azota al pueblo de la Isla, nada indica una salida pronta a la tragedia cubana. Mercaderes intensifican sus gestiones en el Congreso para que se levante el embargo o se viabilice de algún modo el comercio con los Castro. Otros desean que los Estados Unidos le hagan el trabajo y les recoja y regale la cosecha.

Los Servicios de Inteligencia norteamericanos, cumplen órdenes; su mecánica excluye lo ético, la diferencia entre mercenario y patriota. La crisis surge cuando varía el rumbo oficial y el cuerpo de inteligencia recibe órdenes de abandonar una tarea que el patriota continúa. Entonces puede perseguirse como a enemigo al amigo de ayer.

En la maraña de ataduras jurídica de los Estados Unidos, palabras ardientes y medidas tibias equivalen en la práctica a una venta de ilusiones. No las compramos. Ningún cambio esencial ha ocurrido en Cuba. La liberación de presos de conciencia hasta ahora equivale a destierro. La tiranía exhibe su capacidad represiva. Soltar presos no impide apresar a otros. Más de once millones de cubanos están disponibles como presas para ser presos y monedas de cambio. ¿A dónde mirar entonces? ¿A que la presión popular en Cuba se anime, cobre fuerzas, se movilice, exija, rete; a que el exilio sea realmente el auxilio de la resistencia combatiente; a que se rebelen militares inconformes con sus dificultades económicas ante la riqueza obscena de sus jefes multimillonarios? ¿A que acaso en algún jerarca se empine la pasión de libertad y Dios?.

Es clave aclarar que el pueblo de Cuba, unos y otros, enemigos y aparentes enemigos, ha sido víctima del sistema castro-comunista para beneficio exclusivo de una jerarquía ladrona y criminal. Para escapar de ese “mar de felicidad” que babosamente pintara otro déspota delirante, millares de cubanos se dieron al mar y frecuentemente naufragaron en olas trágicas. El pueblo es víctima. Quienes integran los pelotones de fusilamiento quedan marcados por recuerdos espantosos.

Desde la infancia y en todas las estructuras y tareas, el sistema sistematiza la obediencia, el acatamiento, el servilismo, la delación, el espionaje, la impiedad, y es tanta la miseria creada por la corrupción y la incapacidad que fabrica delincuencias en las personas de a pie. No planteamos una absolución global de culpables. A muchos de ellos deben juzgar los tribunales. Se quiere que un pueblo víctima se incorpore a la construcción de un futuro radicalmente distinto a este presente de fracaso, penuria, tristeza, opresión. Por favor; no insistan el Subsecretario Valenzuela y voceros del Presidente Obama en hablar obscuramente sobre Cuba. No habrá transición. Si la hubiera sería transacción enemiga, contraria a un mañana cubano sin miedos ni miserias. Quienes aducen que es fácil presumir de intransigencia impoluta desde ambientes sin riesgos, recuerden que salvar los principios y buscarles caminos es la estrategia más eficaz. El Autonomismo no condujo a la independencia de Cuba. Las pobres reformas obtenidas de España resultaron de una guerra mambisa de diez años. Por algo el Capitán José Martí, hijo del Apóstol, encabezó las tropas-custodios de la ceremonia del 20 de Mayo inaugural de la República.

Sin descanso y sin cansancio insistimos en la necesidad de intensificar la lucha por la liberación de Cuba. Está bien mantener el embargo, aunque embarga muy poco. Levantarlo sería complicidad. Esta bien mantener Radio Martí contra la canalla que pretende eliminarlo. Y ante el argumento de su alto costo obsérvese que cuesta menos anualmente que lo que algunos peloteros ganan en el béisbol de las Grandes Ligas. Está bien impedir, dificultar, encarecer, el regreso a la Isla de quienes para asilarse juraron ser perseguidos políticos. Está bien llamar a gobiernos y pueblos a que no apoyen al castrato, a que la Unión Europea se defina más contra los desdenes de la tiranía. Todo eso y mucho más está bien. Falta el indispensable y fundamental enfrentamiento a la tiranía y aplicar violencias que hoy están ausentes de casi todos los libretos.

El derrotero que evita la derrota intenta lo que se puede y lo que no se puede hacer, cumple deberes consecuentes con nuestra mejor historia, llama al pueblo cubano a protestas mayores, excita a las fuerzas armadas a servir realmente a la República, no a déspotas corruptos. Pienso. Sueño. Consulto. Me desvelo. No alcanzo otra respuesta cuerda que la “locura” de la lucha. La perpetuación del totalitarismo sería bochorno, vergüenza, desvergüenza. Se pelea para conquistar nuevos caminos a civilizaciones que fanatismos crueles incivilizan. Esto fuerza la paradoja de que lo que no hagan los que pueden hacerlo, lo hagan los que no pueden. Porque en ellos viven esos nombres del 19 y el 20 de mayo que en tiempos de inacción da pena mencionar: Martí, Maceo, Gómez, García, Agramonte, Céspedes. Porque la libertad no renuncia en el pecho de los dignos.

Los cubanos queremos vivir con iguales derechos y deberes democráticos que el pueblo de los Estados Unidos. ¡No somos menos, caray!. Y el desvelo no encuentra más respuesta que el combate mambí y el económico y el técnico y el militar. Regresar al grito combatiente de los mitines inaugurales del destierro. Coincidir radioemisoras, empresas de televisión, periódicos, organizaciones, toda la gente de ley, en la convocatoria al deber.

Urge crear un Tanque Ideológico administrado y dirigido por su donante inicial y los donantes sucesivos. Consagrado a la acción, el Exilio terminaría prontamente con el totalitarismo en la Isla. Realidad tan penosa obliga en esta etapa y en los Estados Unidos a consagrar cuantiosos recursos a fomentar ideas e ideales. Este Tanque Ideológico sería independiente de las organizaciones del exilio y de Colegios y Universidades mediatizadas y hasta enemigas. Documentos en inglés publicados en la gran prensa norteamericana, tarea que no reprimirían los cuerpos de inteligencia de los Estados Unidos. El aporte sería fundamental al lema: “Estamos en guerra por el alma de Cuba y por el carácter mismo de los Estados Unidos de América.”

¿Se quiere honestamente la libertad de Cuba? ¿Se cree que el pueblo cubano tiene el mismo derecho que el norteamericano a vivir en libertad, democracia y Dios, o se piensa que es una ciudadanía de segunda que merece un futuro hipotecado por pestes comunistas? ¿Hubo sinceridad al decir con Martí que la libertad no es negociable?.

Sea el Exilio el Auxilio de la Disidencia y la Resistencia Interna. Fúndese ese Tanque Ideológico. Un pueblo que ha sufrido tanto, quiere y merece un repicar de campanas. No lo escuchan los oídos de la lógica; sí resuenan en los tímpanos del corazón. Qué esas campanas de libertad repiquen clamorosas desde el suelo hasta el cielo de la patria.

 

Comentarios

 
0 # P. Garcia Osorio 29-07-2010 09:11
Dr. Conte Aguero: Usted, conocedor de nuestra historia, que es miembro de una tal Academia de la Historia de Cuba, por favor, corrija al Sr. Martinez Paula que como presidente de dicha Academia, trastoca y cambia las verdades historicas.

La cualidad primordial de un verdadero historiador es ser veraz e imparcial.
Malo es que el régimen castro-comunista haya venido sistemáticament e tratando de distorsionar nuestra historia. Esto es práctica típica del sistema comunista que trata de borrar nuestro glorioso pasado para que las nuevas generaciones aprendan una historia prostituida… la que a ellos les interesa y les conviene. Pero mucho más dañino es ver como un titulado “presidente” de un grupo conocido por “Academia de la Historia de Cuba” (que entendemos comienza a aunar a un grupo de distinguidos y cultos compatriotas), unilateralmente trata de hacer algo muy parecido a lo que ha venido haciendo el sistema comunista aunque, obviamente, no por convicciones ideológicas, sino por desacuerdo personal con algunos eventos ocurridos en épocas pasadas.
Hacemos el comentario anterior específicamente refiriéndonos a un libro que llegó a nuestras manos y empezamos a leer con gran interés porque su título, “Momentos Estelares en la Historia de Cuba”, nos motivó pensando en la gran necesidad de que historiadores imparciales –como los tenemos en el destierro- legítimamente rastreen y busquen nuestra verdad histórica para dejarla como legado a futuras generaciones. A medida que terminábamos la interesante lectura de la primera mitad del libro, nos comenzamos a decepcionar entrando en su segunda mitad donde, lejos de historia, se convierte en una sátira al narrar eventos como la revolución del 4 de septiembre de 1933 y otros acontecimientos importantes. El esfuerzo del autor al consultar a ciertas personas para recopilar datos y así dar una síntesis de momentos trascendentales de nuestra historia es plausible; sin embargo, la segunda mitad del libro, es el legado que el autor intenta dejar a nuestras futuras generaciones con su “verdad” y su “opinión” personal, cometiendo el intolerable error de ir en contra de lo expresado con absoluta claridad por el prologuista del libro: “el historiador de pura cepa sabe que el principal instrumento para realizar su trabajo es la Verdad, soberana de la vida de los seres humanos, y que siempre acaba por imponerse aunque su duro y real mensaje nos conduzca primero a la amargura y después a la felicidad única de estar en paz con nuestra conciencia”.
Nuestra experiencia vivida en Cuba, ha dejado constancia que el odio desmesurado y el protagonismo por la ambición de poder son extremadamente perjudiciales. Convierte a personas de conciencia, cultas, pensantes y responsables, en fanáticos que pierden su capacidad de analizar y racionalizar, impidiéndoles la reflexión –así como ocurrió en Cuba cuando ciertos elementos “revolucionario s” apoyaron ciegamente a Fidel Castro y su Movimiento 26 de Julio, a pesar del cúmulo de evidencia sobre el origen y actividades del bonchista Castro- y hoy, por estos mismos motivos, cuando los acontecimientos acaecidos impactan de alguna forma al escritor por su involucramiento o participación directa o indirecta en lo acontecido, se trata de manipular la verdad histórica, especialmente como forma de tratar de auto-justificar lo que hoy reconocen en su fuero interno como sus grandes errores.
Entre otras opiniones, el autor dice en este libro una verdad que todos conocemos y añoramos: “La Habana era una fiesta”. Nosotros añadimos: Cuba toda era una fiesta invadida de esa alegría y chispa única del cubano. Hasta que un importante elemento de “patriotas revolucionarios pensantes, combatientes por un mundo mejor”, fanatizados, llenos de odio y ambición, troncharon esa perenne fiesta que empezaba desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí, enlutaron la patria, y servilmente la entregaron al Satanás cubano que convirtió en su infierno particular a la tierra más bella que ojos humanos hayan podido ver. ¡No hagamos lo mismo con nuestra historia!
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